
Equipo RTN Medios
Leyla tenía apenas 15 años y una vida por delante. En septiembre de 2025, salió de su casa luego de que dos adolescentes —una de 13 años y otra de 15— acudieran a buscarla. Se decían sus amigas. Le hablaron con confianza, la invitaron a salir como cualquier otro día. Nada hacía suponer lo que ocurriría después.
De acuerdo con Carmen Becerra, madre de la menor, su hija fue sacada de su casa con engaños. La convencieron de acompañarlas y, una vez que cruzó la puerta, ya no volvió.
Las adolescentes la llevaron hasta una vivienda ubicada en el Ejido El Desierto, en Sonoyta, Sonora, donde —según el testimonio de la madre— la atacaron y grabaron el momento en que le quitaron la vida.
Posteriormente, el cuerpo de Leyla fue ocultado y enterrado en el domicilio de una de las presuntas responsables, con el objetivo de evitar que fuera localizado. Horas más tarde, Carmen reportó la desaparición y comenzó una búsqueda desesperada que terminó en tragedia.
Leyla fue localizada sin vida. El estado en el que se encontraba su cuerpo era tan avanzado que la familia no pudo despedirse de ella como hubiera querido.
No hubo un adiós. Solo la certeza devastadora de que su hija había sido asesinada.
Actualmente, el caso se encuentra en manos del Juzgado para Menores de San Luis Río Colorado, bajo el sistema de justicia para adolescentes. Sin embargo, para la familia, el sufrimiento no terminó con el hallazgo.
Carmen denunció que se le ha planteado aceptar un acuerdo con una sentencia reducida, de entre dos y tres años, y advirtió que, de no hacerlo, existe el riesgo de que las presuntas responsables recuperen su libertad en los próximos días.
“Solo pido justicia. No es justo que por ser menores puedan arrebatar una vida y salir libres, mientras mi hija ya no está”, expresó la madre.
La mujer también aseguró que cuenta con mensajes, conversaciones y videos que, a su consideración, podrían evidenciar la participación de más personas en los hechos. No obstante, hasta ahora, el proceso judicial se mantiene únicamente contra las dos adolescentes que aparecen en la grabación.
A esta lucha se suma otra: no cuenta con defensa legal, por lo que lanzó un llamado urgente a la ciudadanía y a abogados especializados en justicia para adolescentes para que la apoyen.
El caso de Leyla vuelve a poner sobre la mesa un debate que trasciende lo local y se vuelve nacional:
¿Hasta dónde alcanza la justicia cuando los responsables son menores y la víctima ya no puede volver?
Una historia que también expone un nivel de violencia que no puede ni debe minimizarse.