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Hace casi 70 años, una perra llamada Laika fue enviada al espacio a bordo del Sputnik 2. Se convirtió en el primer ser vivo en orbitar la Tierra, pero no eligió estar ahí

La misión nunca contempló su regreso. Durante décadas se difundió una versión incompleta de su historia, hasta que se confirmó que Laika murió pocas horas después del lanzamiento, a causa del estrés extremo y fallas técnicas en la nave.

Su vuelo aportó información crucial para los viajes espaciales humanos que vendrían después, pero también dejó una herida ética imposible de ignorar.

Laika no fue una heroína. Fue una perra usada como prueba.

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