
Elon Musk habló públicamente sobre la transición de género de uno de sus hijos desde un lugar íntimo: el de un padre que asegura vivir un duelo. Para el empresario, no se trata de una polémica mediática, sino de la pérdida de la identidad del hijo que conocía.
Musk afirmó que el sistema médico y educativo lo presionó bajo un clima de miedo, advirtiéndole sobre posibles riesgos graves para la salud mental de su hijo si no aceptaba el proceso. También dijo que no comprendía del todo los efectos a largo plazo de los bloqueadores de pubertad, los cuales le fueron presentados como “reversibles”, y hoy cuestiona esas decisiones a la luz de nuevas revisiones médicas internacionales.
Cuando asegura que “su hijo está muerto”, aclara que no habla de una muerte física, sino emocional. Sus palabras han sido calificadas de ofensivas por algunos y de valientes por otros, reabriendo un debate que va más allá de la política: uno que toca a las familias, la medicina y la dimensión humana del tema.