
La noche del 24 de junio de 1982, el British Airways Vuelo 9 protagonizó uno de los episodios más impactantes en la historia de la aviación, luego de que sus cuatro motores se apagaran en pleno vuelo sobre el Océano Índico.
La aeronave, un Boeing 747 con 263 personas a bordo, volaba a más de 11 mil metros de altura cuando, en menos de dos minutos, los motores dejaron de funcionar de manera consecutiva, convirtiendo al avión en un planeador sin potencia en medio de la noche.
De acuerdo con los reportes, la tripulación detectó previamente fenómenos inusuales, como destellos en los motores y condiciones anómalas en el aire, sin identificar de inmediato la causa del problema.
Posteriormente se determinó que el avión había atravesado una nube de ceniza volcánica proveniente del Monte Galunggung, la cual afectó el funcionamiento de los motores al ingresar en los sistemas de combustión.
Durante varios minutos, la aeronave descendió de manera controlada, mientras la tripulación intentaba reiniciar los motores. Fue hasta que el avión salió de la nube de ceniza que los motores comenzaron a reactivarse uno a uno, permitiendo recuperar el control del vuelo.
Finalmente, el avión logró aterrizar de emergencia en Yakarta sin que se reportaran víctimas, aunque con daños visibles en la estructura, especialmente en el parabrisas, afectado por la ceniza.
El incidente marcó un antes y un después en la aviación comercial, al evidenciar los riesgos de las nubes de ceniza volcánica, lo que derivó en la implementación de nuevos protocolos de seguridad y monitoreo a nivel internacional.