
El 30 de noviembre de 1954, Ann Hodges, una mujer común de la ciudad de Sylacauga, vivió un suceso extraordinario que la convertiría en una figura única en la historia de la ciencia y la astronomía. Mientras descansaba en el sofá de su sala, a eso de las 2:00 de la tarde, un meteorito atravesó el techo de su casa y la golpeó directamente en la cadera.
La roca espacial, de unos 4.5 kilogramos, viajó millones de años por el cosmos antes de impactar en la Tierra, atravesando la atmósfera y terminando su trayecto en la sala de estar de los Hodges. A pesar del fuerte golpe, Ann solo sufrió un moretón, convirtiéndose en la única persona conocida que ha sido alcanzada por un meteorito y ha sobrevivido para contarlo.
El suceso desató gran interés público y científico. Ann y su esposo, Eugene Hodges, buscaron recuperar el meteorito, pero las autoridades y diversos investigadores también querían estudiarlo. Finalmente, la roca fue adquirida por un museo, donde permanece como un objeto de asombro y estudio.
Este inusual acontecimiento no solo marcó la vida de Ann Hodges, sino que también se convirtió en un ejemplo emblemático de cómo lo extraordinario puede irrumpir de manera inesperada en la vida cotidiana. El caso sigue siendo citado como una muestra de la fragilidad humana ante las fuerzas impredecibles del universo.