
El Congreso de El Salvador, dominado por el oficialismo, aprobó el pasado lunes una controvertida reforma constitucional que permitirá la reelección indefinida del presidente y extenderá su mandato de cinco a seis años, en una decisión que ha generado fuerte polémica y profundas divisiones en el país.
La reforma, promovida por Nuevas Ideas, el partido del presidente Nayib Bukele, fue presentada de manera sorpresiva un día antes de las festividades en la capital y acorta el actual mandato presidencial, que debía concluir en 2029, para alinearlo con las elecciones de 2027.
Votación y contenido de la reforma
La medida fue aprobada con 57 votos a favor de los 60 diputados del Parlamento, con solo seis votos en contra por parte de la oposición. Entre los cambios más relevantes destaca también la eliminación del balotaje en las elecciones presidenciales, lo que ha despertado preocupación entre los partidos opositores, al considerar que puede reducir la legitimidad de los ganadores.
Oposición advierte sobre concentración de poder
Diputados opositores, como Marcela Villatoro de Arena y Claudia Ortiz del partido Vamos, han criticado abiertamente la reforma. Villatoro advirtió que la reelección indefinida representa una «acumulación de poder» que debilita la democracia, mientras Ortiz denunció que la iniciativa busca «perpetuar a un pequeño grupo en el poder» y empobrecer al pueblo.
Desde el oficialismo, la diputada Ana Figueroa defendió los cambios argumentando que estos fortalecen la democracia al «devolverle el poder total al pueblo», y aseguró que la reelección ya existe en otros cargos de elección popular.
¿Ratificación pendiente y nuevo estado de excepción?
A pesar de su aprobación, la reforma aún necesita ser ratificada por la misma cámara legislativa, la cual también tiene en discusión la prórroga del estado de excepción vigente desde marzo de 2022, medida que ha sido duramente cuestionada por organismos internacionales de derechos humanos.
¿Popularidad o autoritarismo?
El presidente Bukele, quien mantiene altos niveles de aprobación popular debido a su mano dura contra la violencia y las pandillas, ha declarado abiertamente: “Me tiene sin cuidado que me llamen dictador, porque lo que busco es mejorar el país”. No obstante, sus reformas han sido señaladas por diversos sectores como un posible retroceso democrático.
Un país dividido
Mientras el oficialismo sostiene que esta reforma constitucional es un paso adelante hacia una democracia más directa y eficaz, los críticos consideran que se trata de una estrategia para consolidar el poder presidencial sin contrapesos.
La discusión sobre el rumbo democrático de El Salvador sigue abierta, y el resultado de esta reforma marcará un antes y un después en la historia política del país centroamericano.