
Con la llegada del Día de Muertos, una de las tradiciones más representativas de México, muchas familias se preparan para montar sus altares y rendir homenaje a sus seres queridos que han partido. Cada elemento del altar posee un profundo simbolismo que busca honrar la memoria y celebrar la vida.
El altar de muertos puede tener dos, tres o hasta siete niveles, dependiendo de la tradición familiar. Los dos niveles simbolizan el cielo y la tierra, mientras que los tres niveles representan el cielo, la tierra y el inframundo. En tanto, los siete niveles reflejan los pasos que las almas deben atravesar para alcanzar el descanso eterno.
Entre los elementos más importantes del altar se encuentra la fotografía del difunto, que ocupa el lugar central como símbolo de presencia espiritual. Las veladoras representan la luz que guía a las almas de regreso al mundo de los vivos, mientras que las flores de cempasúchil, con su color anaranjado y su aroma característico, marcan el camino hacia el altar.
Otros elementos que no deben faltar son el pan de muerto, que representa el ciclo de la vida y la muerte; el agua, que sirve para saciar la sed del alma tras su largo viaje; el copal o incienso, que purifica el ambiente y aleja a los malos espíritus; y las calaveras de azúcar, que recuerdan que la muerte es parte natural de la existencia. Además, el papel picado simboliza el viento y la fragilidad de la vida, mientras que la sal purifica y evita la corrupción del alma.
Para quienes deseen montar su altar de manera sencilla, los expertos recomiendan escoger un espacio limpio y tranquilo, construir la base con dos o tres niveles y cubrirla con telas de colores tradicionales: blanco para la pureza, morado para el luto y naranja para la vida. Posteriormente, se colocan los elementos desde el nivel superior —la foto y las velas— hasta el inferior, donde se ubican las flores, el papel picado y la comida favorita del difunto.
Además, se sugiere formar caminos con pétalos de cempasúchil, usar luces pequeñas si no se pueden encender velas reales y personalizar el altar con objetos que representen los gustos o la personalidad del ser querido.
Finalmente, el significado más profundo de esta tradición radica en recordar que la muerte no es el final, sino un vínculo eterno entre los vivos y quienes ya partieron. A través del altar, las familias mexicanas mantienen viva la memoria de sus seres amados y reafirman la importancia del amor, la fe y la identidad cultural.