Dos años después del bombardeo, un padre de seis hijos remueve las ruinas de su hogar para recuperar fragmentos óseos y darles una sepultura digna.

CIUDAD DE GAZA – En el silencio de un vecindario que ya no existe, el sonido de las piedras chocando entre sí marca el ritmo de una búsqueda desesperada. Allí, donde antes se levantaba su hogar, un palestino remueve con sus propias manos las toneladas de concreto que hace dos años aplastaron su vida entera. No busca pertenencias ni recuerdos; busca los huesos de su esposa y de sus seis hijos.
La escena es el retrato de una tragedia que persiste mucho después de que cesan los estallidos. Con las manos curtidas por el polvo y el duelo, este padre tamiza los escombros piedra por piedra, logrando rescatar apenas pequeños fragmentos óseos que el tiempo y el olvido no pudieron borrar.