
Antes del despegue, Gineth Rincón captó una fotografía dentro de la aeronave, una escena aparentemente rutinaria: pasajeros en calma, sin gestos de despedida ni señales de preocupación. La imagen fue tomada en un ambiente sereno, cuando el viaje apenas comenzaba y no existía indicio alguno de lo que ocurriría después.
Con el paso de las horas, la fotografía dejó de ser un recuerdo personal. Tras confirmarse el accidente, la imagen comenzó a circular como el último registro visual de quienes se encontraban a bordo, adquiriendo un valor simbólico y documental.
Lo que inició como un momento íntimo terminó por convertirse en un elemento de memoria colectiva, vinculado a una de las tragedias aéreas más recientes que ha conmocionado al país.