
Con 29 años y tras pasar más de diez luchando contra múltiples padecimientos, Samara Martínez, coahuilense de nacimiento y periodista por decisión, concluyó que quería la eutanasia, por lo que inició un proceso para evitar que la ley mexicana se lo impida.
Su primer diagnóstico llegó a los 16 años: hipertensión y dislipidemia mixta. No hubo mayor explicación, en el IMSS sólo le recetaron medicamentos. Seis años después los médicos notaron irregularidades en sus exámenes de rutina.
“Ahí fue donde me diagnosticaron lupus eritematoso sistémico (una enfermedad autoinmune), y otra que se llama glomeruloesclerosis focal y segmentaria que a su vez da como condición la insuficiencia renal crónica”, comparte en una entrevista con este medio.
El doctor le dijo que, aunque no tenía cura, podían frenar el deterioro. Duró cerca de 6 años con tratamientos y quimioterapias. Aunque su hermano le donó uno de sus riñones en 2022, su condición no mejoró ya que su cuerpo no aceptó el trasplante.
Recuerda los meses que siguieron, uno a uno. En diciembre de 2023 intentó, por segunda ocasión, que su cuerpo aceptara un nuevo órgano, pero todo lo que pudo salir mal ocurrió.
“Lo que fue enero, febrero, marzo, abril, mayo y la mitad de junio del año pasado, yo me mantuve luchando por aferrarme al riñón”
Ahí fue donde me diagnosticaron lupus eritematoso sistémico (una enfermedad autoinmune), y otra que se llama glomeruloesclerosis focal y segmentaria que a su vez da como condición la insuficiencia renal crónica”, comparte en una entrevista con este medio.
El doctor le dijo que, aunque no tenía cura, podían frenar el deterioro. Duró cerca de 6 años con tratamientos y quimioterapias. Aunque su hermano le donó uno de sus riñones en 2022, su condición no mejoró ya que su cuerpo no aceptó el trasplante.
Recuerda los meses que siguieron, uno a uno. En diciembre de 2023 intentó, por segunda ocasión, que su cuerpo aceptara un nuevo órgano, pero todo lo que pudo salir mal ocurrió.
“Lo que fue enero, febrero, marzo, abril, mayo y la mitad de junio del año pasado, yo me mantuve luchando por aferrarme al riñón”
Un virus, que en otras circunstancias resultaría inofensivo, terminó desgajando todo su sistema, desarmado por los inmunosupresores. Los estudios constantes dejaron sus venas secas: hubo un momento en el que las enfermeras introducían la aguja, pero ya no salía sangre.
“Uno como paciente se siente tan… como conejillo de indias. Los doctores no entendían, médicamente hablando, porque no reaccionaba a nada y por qué todo lo que podría haber salido mal, salió mal. Hasta ahorita no tengo una explicación médica. A mitad de junio ya me habían hecho todos los tratamientos posibles para evitar un rechazo de trasplante”. Ninguno funcionó.
Inició el verano, y su médico le propuso esperar dos semanas más con la expectativa de que el panorama cambiase. Intravenosas, inyectables, pastillas. Para entonces Samara había perdido la cuenta del número de fármacos y quimioterapias administradas.
“Mi cuerpo estaba muy cansado, entonces, volteé con mi mamá ese día en consulta con lágrimas le dije:
«Sabes que, ma, no’, porque también, perder la esperanza después de intentarlo es muy desgastante”
“Salimos del hospital y empezó el proceso de aceptación. Yo sabía perfectamente que si este segundo trasplante no funcionaba iba a regresar a vivir de por vida conectada a una máquina”.
La eutanasia en México y el mundo
Eutanasia es una palabra cuyas raíces griegas son: eu, que significa bien y tanos, equivalente a muerte. En el ámbito legal, es considerado un homicidio piadoso para procurar una muerte tranquila.
Médicamente, es muerte sin sufrimiento, mientras que diversas religiones lo condenan como asesinato. Para Samara se convirtió en un deseo difícil de enunciar.
“Yo sentí que me habían arrebatado la esperanza del trasplante, de estar bien, de no depender de una máquina. Ahí fue cuando dije — y al principio me daba mucha pena— que si la eutanasia fuera una opción aquí [en México] yo creo que la elegiría para mí”
Legalmente existen dos tipos de eutanasia: pasiva y activa. La primera consiste en permitir suspender la aplicación de tratamientos médicos que mantienen con vida a una persona, lo que la lleva a una muerte de forma natural.
En la segunda hay una intervención directa con la administración de una sustancia (como un medicamento) con el objetivo de provocar un deceso rápido e indoloro. Es un acto voluntario y deliberado realizado por profesionales médicos.
En México existe una figura legal llamada Ley de Voluntad Anticipada, que se aplica en 15 entidades y permite a las personas tomar decisiones sobre su atención médica al final de la vida, sin embargo, la eutanasia activa está prohibida, según la Ley General de Salud, específicamente en el artículo 166 Bis 21.
A nivel mundial, apenas nueve países han despenalizado la muerte asistida en circunstancias extremas: Ecuador, Países Bajos, Bélgica, Luxemburgo, Canadá, Colombia, España, Nueva Zelanda y Portugal. Suiza por su parte, permite el suicidio asistido, es decir, un médico receta una sustancia letal que el paciente se autoadministra.
Las variaciones legales, religiosas y culturales dificultan el debate en el resto del mundo. Incluso Países Bajos y Bélgica, territorios pioneros en la materia, encuentran dificultades legales, como detalló Óscar Enrique Torres Rodríguez, profesor de la Facultad de Derecho de la UNAM en una entrevista para Gaceta UNAM.
Sin embargo, más allá y entre las discusiones legales, los debates médicos y las creencias, están los pacientes que destinan todo lo que tienen en sobrevivir.
“Muchas personas me han dicho que soy una cobarde, no soy cobarde, lo que he hecho los últimos 10 años de mi vida es luchar. Mis 20 se me fueron en luchar”
Fuente: Milenio.