
En la casa de la familia Toyos no hay celebraciones de Nochevieja. El vacío que dejó la muerte de Eduardo Toyos, de 19 años, marca cada rincón del hogar. El joven fue asesinado en un tiroteo durante una fiesta en Tucson, donde también perdió la vida otro muchacho de 18 años.
“A veces siento que va a entrar por la puerta… pero sé que no. Es muy difícil”, expresó su madre, Daisy Castillo.
Han pasado más de dos meses y, además del dolor, Daisy enfrenta la incertidumbre: la policía aún no ha identificado ni detenido a ningún sospechoso. Mientras exige justicia, la madre busca que su historia genere conciencia sobre el uso responsable de las armas y sobre conductas riesgosas durante las celebraciones, como disparar al aire.
“Mi hijo tenía sueños, planes… y todo se fue en un instante. Nadie debería vivir esto”, agregó.
La comunidad de Tucson continúa conmocionada por el caso. Autoridades locales mantienen operativos especiales por las festividades, aunque para Daisy lo más importante es que su experiencia evite nuevas tragedias.
El caso permanece bajo investigación, mientras la familia Toyos mantiene viva la memoria de Eduardo y la esperanza de que se haga justicia.