
En un país donde los productos icónicos son parte del imaginario colectivo, Paleta Payaso cumple 52 años en el mercado, celebrando más de medio siglo de historia en los anaqueles… aunque no sin dejar un sabor agridulce entre los consumidores.
El dulce de chocolate con malvavisco producido por la empresa Ricolino (parte de Grupo Bimbo) se ha convertido en una marca reconocida a nivel nacional, tanto por su sabor como por su peculiar diseño con carita feliz hecha de gomitas. Sin embargo, también se ha ganado una fama paralela: la irregularidad en su presentación.
Una tradición… con defectos de fábrica
Durante años, miles de consumidores han compartido en redes sociales imágenes de sus paletas con ojos desalineados, caras deformes o sin gomitas, convirtiendo a Paleta Payaso en un fenómeno viral más por sus fallas que por su calidad.
“Es una lotería: o te sale una perfecta, o una pesadilla con chocolate”, bromea un usuario en X (antes Twitter). Aunque la mayoría lo toma con humor, otros señalan que, tras décadas de existencia, la empresa aún no ha estandarizado un control de calidad efectivo.
¿Falla o estrategia de marketing?
Algunos especialistas en marketing incluso sugieren que estas imperfecciones han jugado a favor del producto: la deformidad se ha convertido en parte de su identidad, generando interacción en redes y manteniéndola en el ojo del público.
Ricolino no ha emitido posicionamientos claros sobre los reclamos recurrentes, y aunque ha habido mejoras esporádicas en la presentación, los “fails” continúan siendo parte del paquete.
Un ícono cultural… imperfecto
A pesar de las críticas, Paleta Payaso sigue siendo un clásico mexicano que ha acompañado a generaciones. Su legado no está exento de ironías: es tal vez el único producto que ha convertido la falta de control de calidad en una parte de su marca registrada.
En su 52 aniversario, queda claro que Paleta Payaso es más que un dulce: es una tradición nacional… aunque venga con la carita chueca.