
El papa León XIV condenó este viernes el uso de la fuerza militar como herramienta para alcanzar objetivos diplomáticos, al advertir que el mundo atraviesa un repunte del belicismo y una preocupante debilidad de las organizaciones internacionales frente a los conflictos globales.
Durante su primer discurso anual sobre política exterior, pronunciado ante 184 embajadores acreditados ante la Santa Sede, el pontífice afirmó que la diplomacia del diálogo está siendo desplazada por una diplomacia sustentada en la fuerza.
“La guerra vuelve a estar de moda y se extiende un afán bélico”, advirtió León XIV, quien fue elegido papa en mayo y es el primer pontífice de origen estadounidense.
Al referirse a la captura del presidente venezolano Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses, ocurrida el pasado fin de semana por orden del presidente Donald Trump, el papa llamó a los gobiernos del mundo a respetar la voluntad del pueblo venezolano y a salvaguardar los derechos humanos y civiles de la población.
El mensaje, conocido como el discurso sobre el “estado del mundo”, fue el primero de este tipo ofrecido por León XIV tras suceder al papa Francisco. Entre los asistentes se encontraban los embajadores de Estados Unidos y Venezuela ante el Vaticano.
Aunque León XIV —el excardenal Robert Prevost, quien fue misionero en Perú durante décadas— ha criticado en otras ocasiones políticas de Trump, especialmente en materia migratoria, no mencionó al mandatario estadounidense por su nombre.
A diferencia del tono moderado que había caracterizado los primeros meses de su pontificado, el papa adoptó un lenguaje inusualmente firme en este discurso de 43 minutos, en el que también condenó el aborto, la eutanasia y los vientres de alquiler.
Asimismo, alertó que la libertad de expresión se está reduciendo rápidamente en países occidentales, y denunció el surgimiento de un lenguaje “de estilo orwelliano” que, bajo el argumento de la inclusión, termina excluyendo a quienes no se alinean con determinadas ideologías.
Finalmente, León XIV advirtió sobre lo que calificó como una “discriminación religiosa sutil” contra los cristianos, tanto en Europa como en América, y reiteró su llamado a defender los derechos fundamentales y la dignidad humana a nivel global.