
Por Rosa Lilia Torres
La percepción de seguridad en Cajeme ha sido un tema recurrente, especialmente tras las recientes declaraciones del alcalde Javier Lamarque Cano. El funcionario ha criticado a los medios de comunicación por su enfoque en los hechos delictivos, acusándolos de magnificar la situación, generar pánico y afectar la percepción pública de seguridad.
El concepto de agenda-setting es clave para entender esta discusión. Esta teoría sostiene que los medios no solo informan, sino que también influyen en los temas que la opinión pública considera importantes. Al priorizar los reportes sobre criminalidad, se refuerza la idea de que la violencia es una constante en la vida cotidiana. Este fenómeno se complementa con el efecto framing, que analiza cómo la presentación de las noticias puede moldear la interpretación de la audiencia. Por ejemplo, un informe sobre un aumento de delitos enmarcado como una crisis incontrolable intensifica el miedo, mientras que presentarlo como un desafío que la comunidad y el gobierno enfrentan ofrece una perspectiva distinta.
Lamarque sostiene que si los medios dirigieran su atención también a las acciones positivas de su administración durante los últimos tres años, la percepción ciudadana sería diferente. Este planteamiento subraya un aspecto crucial: la importancia de equilibrar la narrativa informativa.
Es cierto que los medios tenemos la responsabilidad de informar, y eso incluye la cobertura de la nota roja. Como periodistas, debemos reflejar la realidad de la ciudad, que en ocasiones incluye reportar sobre la delincuencia. Sin embargo, también es fundamental que la administración municipal haga un esfuerzo por comunicar sus logros y avances, para que los medios puedan documentarlos y transmitirlos a la sociedad.
Desde la teoría de la espiral del silencio, sabemos que la percepción de inseguridad se ve afectada por la creencia de que ciertas opiniones son más aceptadas socialmente. Esto puede llevar a que los ciudadanos no expresen su confianza en las medidas de seguridad del Gobierno si perciben que la narrativa dominante es negativa. Una administración municipal cuenta con múltiples programas y acciones que benefician a la comunidad, pero ¿por qué no hay una comunicación más activa sobre estos aspectos positivos? La teoría sugiere que una noticia negativa puede ser contrarrestada con un flujo constante de noticias positivas, bien transmitidas, en calidad y cantidad. Aquí radica la verdadera estrategia para cambiar la percepción pública.
El pensamiento negativo de los cajemenses es un desafío que se ha arrastrado durante más de una década. Cambiar esta percepción no será fácil ni se logrará con un discurso, un informe o un regaño en rueda de prensa. La percepción de seguridad comenzará a transformarse cuando la ciudadanía experimente mejoras tangibles: calles limpias, drenajes funcionales, parques cuidados, oportunidades de empleo, incremento en el turismo y desarrollo económico. Solo entonces podremos decir: “Qué padre vivir en Obregón, quiero quedarme aquí”.
Ejemplos internacionales y nacionales muestran que es posible cambiar la narrativa. Estados como Nuevo León, Guanajuato, Jalisco y Baja California reportan delitos y homicidios diarios según el INEGI, pero su percepción de seguridad es más alta que en Ciudad Obregón, gracias a beneficios económicos, laborales y turísticos. Países como El Salvador y Colombia, considerados entre los más inseguros del mundo, lograron contrarrestar la percepción negativa mediante estrategias de comunicación que resaltaron lo positivo.
Una campaña local, como “Cajeme Seguro”, podría ser la oportunidad para transformar la narrativa actual. Tanto los medios de comunicación como el gobierno tienen un papel crucial: informar y comunicar no solo los problemas, sino también las soluciones y avances. Solo así se podrá contrarrestar el miedo que ha permeado en la sociedad y fomentar una convivencia más segura y confiada.
