
La capital de Indonesia, Yakarta, reconocida como la ciudad más poblada del planeta con cerca de 42 millones de habitantes, enfrenta una crisis urbana sin precedentes debido al acelerado hundimiento del suelo, situación que pone en peligro la vida y el bienestar de millones de personas.
Según estudios retomados por la Organización de las Naciones Unidas (ONU), el fenómeno no se debe únicamente al cambio climático, sino también a decisiones de expansión urbana desordenada, presión sobre recursos naturales y una infraestructura insuficiente para soportar el peso de la ciudad en crecimiento. Estas causas han provocado que varias zonas del norte de la ciudad desciendan varios decímetros cada año, y que algunas ya se encuentren por debajo del nivel del mar, elevando dramáticamente el riesgo de inundaciones permanentes.
Entre los principales factores que contribuyen al hundimiento están la extracción excesiva de agua subterránea por falta de una red adecuada de suministro, el peso acumulado de edificaciones e infraestructura urbana sobre sedimentos blandos y la subsistencia natural del terreno debido a su geografía costera. Esta combinación de factores, junto con el ascenso del nivel del mar y eventos climáticos extremos, genera inundaciones cada vez más frecuentes y graves, afectando viviendas, transporte y servicios básicos.
El fenómeno representa un reto crítico para la gobernanza urbana en Asia, ya que Yakarta supera en población a muchas naciones, concentrando más habitantes que 23 de los 27 países de la Unión Europea y que países como Canadá y Australia.
Para mitigar el riesgo, las autoridades de Indonesia han implementado estrategias de adaptación, como la construcción de defensas costeras, proyectos de drenaje mejorado y planes para trasladar parcialmente la administración a Nusantara, una nueva capital en la isla de Borneo. Sin embargo, los expertos coinciden en que estas medidas son solo parte de soluciones a largo plazo frente al rápido crecimiento y la vulnerabilidad climática de Yakarta.
Este caso ilustra los desafíos de las megaciudades contemporáneas ante la urbanización acelerada y el cambio climático, y plantea urgentes necesidades de políticas integrales que integren la sostenibilidad ambiental con el desarrollo urbano.